Ella y Él

Conozco a dos ancianos, ella y él.

Él posee el nombre de un gran emperador. Su nombre es algo así como Julio Cesar Augusto. Es una persona extremadamente activa para los años que ostenta. Muchas veces te lo puedes encontrar en la copa de un gran árbol podando sus ramas, o cruzando el río entre sus peligrosas piedras. Cuando lo ves en tan extremas condiciones, lo primero que viene a tu cerebro es la expresión: ¡Oh!, ¡Dios mío! ¡Julio Cesar Augusto! Acto seguido, ya entrando tu cerebro en razón, le pides razonablemente que tenga cuidado. Pero… una característica fundamental de este personaje, es que se encuentra extremadamente sordo, por lo cual no oye nada que no desea escuchar. A ti, se te puede poner la carne de gallina y se te puede poner el clásico y estrangulador nudo en la garganta al visualizar a este anciano en esas extremas situaciones. Pero Julio Cesar Augusto, sigue su camino o la actividad que estaba desarrollando, sin inmutarse. Y aunque en tu cabeza solo resuena tu introspectiva expresión tipo “ese o ese” (S.O.S) de: ¡Oh! ¡Dios mío! ¡Julio Cesar Augusto!, el mundo sigue girando y tú con él. No obstante, este emperador es un ateo acérrimo y ultra convencido de su anti religiosa elección.  Pero yo, desde lo más profundo de mi corazón, creo que tiene un ángel de la guarda formato guardaespaldas, que lo protege de las situaciones adversas. Este invisible compañero, siempre está disponible, por lo cual, Julio Cesar Augusto, puede seguir eternamente subiendo a los arboles más altos y trepando grandes montañas. Por supuesto, sin escuchar a nadie más que a sí mismo… Así es él.

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Ella es una mujer triste que posee el nombre de la alegría. Pienso personalmente que su nombre, paradójicamente, es la característica más incongruente de su persona. La mujer de nombre feliz y de aspecto apenado, es una viuda reciente. Después de compartir toda su vida con un hombre celestial, tiene un corazón repleto de cosas buenas y no tan buenas, para compartir. Ese es el principal motivo de que necesite urgentemente alguna alma caritativa que se deje cuidar. Dentro de estas almas, nos encontramos nosotros, todos y cada uno de los que nos cruzamos por su camino. Esa calidez se agradece y valora, siempre y cuando no te conviertas en su paño de lágrimas o en su conejillo de indias. Si te transforma en su conejillo de indas, fácilmente te convertirá en el “punto limpio” o “depósito homologado” para la acogida de todo tipo de objetos extraños que ella ya no necesita… Esa es ella.

Él la visita muchas veces ya que era muy amigo de su difunto marido. Él desea que se encuentre bien y ayudarla en lo que ella necesite. Ella desea lo mismo para él, con la única diferencia que ella necesita cuidar a alguien. Él, un solterón independiente que sobrepasa los noventa no necesita los cuidados ni consejos de nadie. Gracias al ser divino, él solo escucha lo que quiere y desea, por lo cual, ella y él, pueden conversar largas horas sin la intervención de nada ni de nadie.

Uno de esos días en los que ambos “monologaban”, tuve la suerte de encontrarme en la periferia de esa conversación. Fue una conversación muy interesante y que vale la pena compartir.

Él le pregunta a ella cómo se encuentra. Ella contesta, qué como todos los días con sus dolores y su tristeza. Pero ella en ese instante visualiza a una posible victima de su desbordante amor. Entonces le ofrece su ayuda. El lugar específico del cuerpo de él, donde ella puede intervenir en esta oportunidad, lo ha focalizado en sus viejos zapatos. Ella misteriosamente tiene unas nuevas plantillas, muy blanditas, heredadas de su difunto marido, que a él, le vendrían como anillo al dedo. Él, después de un tira y afloja, se deja convencer. Cuando se descalza, ella se da cuenta de que los calcetines que lleva están un poco estropeados. Ella también tiene unos nuevos. Pero él ya no la escucha… Pasa un rato… Ahora ella recuerda unos zapatos que tenía guardados, que también eran propiedad del finado. Él ya no escucha… Después de un largo monologo, él decide marchar. Se despiden y se desean salud, y entonces él le dedica a ella una frase que me pareció genial, y que me ha motivado a escribir este relato:

“Vamos a estar bien, qué para estar mal ya tendremos tiempo”

(Si te gusta o no te gusta, dime algo. Me encantaría que me dejaras un comentario) 😉

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26 pensamientos en “Ella y Él

      • Me gusto la historia. El relato cuenta la historia de dos personas que se necesitan y se apoyan a pesar de no vivir juntas, es el amor que se expresa en cada etapa de la vida. Quizá la idea de abandonarse a querer y ser querido como cada uno sabe amar. La literatura tiene la virtud de comprender la psicología de los personajes proyectados en nuestras vidas

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  1. Me gusto la historia. El relato cuenta la historia de dos personas que se necesitan y se apoyan a pesar de no vivir juntas, es el amor que se expresa en cada etapa de la vida. Quizá la idea de abandonarse a querer y ser querido como cada uno sabe amar. La literatura tiene la virtud de comprender la psicología de los personajes proyectados en nuestras vidas.

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  2. “se encuentra extremadamente sordo, por lo cual no oye nada que no desea escuchar” Esa frase me ha estado retumbando cual eco desde que la he leído. Me parece genial que la hayas utilizado porque la conecto perfectamente con cómo es él según lo describes. Es un hombre que, de forma involuntariamente física y voluntariamente existencial, a sus 90 años ha decidido que ya ha escuchado todo lo malo que tenía que escuchar. Y ahí la frase con que cierras es el broche que conecta todo. Y aun así, con todo eso que te he dicho, lo que más me gusta es cómo describes a los personajes. Precisión e imaginación pictórica. Cómo se nota que eres ilustradora 🙂

    Vales mucho, genia.

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    • Ayyy… que con esos comentarios tan bonicos me pintas de colores… 😀
      Gracias y un besico genial de una Genia a un Genio. 😉

      PD: (Dani, es muy importante que lo sepas para que tomes las precauciones pertinentes. “La “colorosis aguda”, conocida vulgarmente como la “malatía de me pongo colorá”, es una enfermedad poco contagiosa.
      El principal síntoma que presenta es la inicial coloración carmín de los mofletes, que posteriormente puede pasar por todo el espectro de colores conocidos y por conocer.
      Solo se contagia cuando un individuo sano empatiza con un individuo enfermo. XD )

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