Diario de un adolescente y la madre que lo parió

Estimados Rukitos y Rukitas de colores. Por fin vuelvo al mundo virtual. Perdonen la ausencia pero otros proyectos me tenían secuestrada. Auch…

Antes de continuar con este nuevo delirio creativo les quiero agradecer de todo corazón, las visitas que me hacen junto a las palabras y sonrisas que me reagalan.

¡¡GRACIAS RUKIT@S DE COLORES!! ¡¡SON LO “MÁS” MEJORRR DEL MUNDO MUNDIAL!!

Las hormonas siguen rondando mi sesera. No lo puedo evitar. Cuando una idea se me mete en la “azotea” los pajaritos de colores que en ella habitan, no me dejan olvidarla hasta que ese pensamiento se transforma en un episodio tangible de mi bitácora de vida. Así funciona mi cocorota… Nuevamente les digo: “No lo puedo evitar”… ¿Seré tal vez un pichintún obsesiva?

En entradas anteriores les había contado que comparto mi vida con “cachorrito” que me succiona los momentos y los momenticos… Pero la novedad del día, y primicia de primicias este martes 13 de diciembre, es que también comparto mi vida con un adolescente quinceañero… bueno casi, casi, quinceañero…

No suelo hablarles de mi misma, pero ya es hora de desmelenarme y hablarles “a calzón quitao” (como bien dicen en mi tierra): Soy la madre que los parió.

Y como “madre que los parió” tengo muchas historias que contarles. Por eso he pensado en crear esta especie de diario de las cositas que me pasan en el día a día. Si bien se sabe que es duro ser madre de un cachorrito, es aun más duro poder compaginarlo con la grave explosión hormonal de un adolescente quinceañero… Ups… Aun no sé sí me encuentro preparada para este doble desafío… En fin… Pueden opinar…

Con estas palabritas doy comienzo al “Diario de un adolescente, un cachorrito y la madre que los parió”.

Diario de un adolescente

PD: Cualquier parecido o semejanza con la realidad, es pura coincidencia… Es broma… Saludicos de colores 😉

Ruka  de Colores by Vero Tapia ©

Ella y Él

Conozco a dos ancianos, ella y él.

Él posee el nombre de un gran emperador. Su nombre es algo así como Julio Cesar Augusto. Es una persona extremadamente activa para los años que ostenta. Muchas veces te lo puedes encontrar en la copa de un gran árbol podando sus ramas, o cruzando el río entre sus peligrosas piedras. Cuando lo ves en tan extremas condiciones, lo primero que viene a tu cerebro es la expresión: ¡Oh!, ¡Dios mío! ¡Julio Cesar Augusto! Acto seguido, ya entrando tu cerebro en razón, le pides razonablemente que tenga cuidado. Pero… una característica fundamental de este personaje, es que se encuentra extremadamente sordo, por lo cual no oye nada que no desea escuchar. A ti, se te puede poner la carne de gallina y se te puede poner el clásico y estrangulador nudo en la garganta al visualizar a este anciano en esas extremas situaciones. Pero Julio Cesar Augusto, sigue su camino o la actividad que estaba desarrollando, sin inmutarse. Y aunque en tu cabeza solo resuena tu introspectiva expresión tipo “ese o ese” (S.O.S) de: ¡Oh! ¡Dios mío! ¡Julio Cesar Augusto!, el mundo sigue girando y tú con él. No obstante, este emperador es un ateo acérrimo y ultra convencido de su anti religiosa elección.  Pero yo, desde lo más profundo de mi corazón, creo que tiene un ángel de la guarda formato guardaespaldas, que lo protege de las situaciones adversas. Este invisible compañero, siempre está disponible, por lo cual, Julio Cesar Augusto, puede seguir eternamente subiendo a los arboles más altos y trepando grandes montañas. Por supuesto, sin escuchar a nadie más que a sí mismo… Así es él.

arbol abuelo5

Ella es una mujer triste que posee el nombre de la alegría. Pienso personalmente que su nombre, paradójicamente, es la característica más incongruente de su persona. La mujer de nombre feliz y de aspecto apenado, es una viuda reciente. Después de compartir toda su vida con un hombre celestial, tiene un corazón repleto de cosas buenas y no tan buenas, para compartir. Ese es el principal motivo de que necesite urgentemente alguna alma caritativa que se deje cuidar. Dentro de estas almas, nos encontramos nosotros, todos y cada uno de los que nos cruzamos por su camino. Esa calidez se agradece y valora, siempre y cuando no te conviertas en su paño de lágrimas o en su conejillo de indias. Si te transforma en su conejillo de indas, fácilmente te convertirá en el “punto limpio” o “depósito homologado” para la acogida de todo tipo de objetos extraños que ella ya no necesita… Esa es ella.

Él la visita muchas veces ya que era muy amigo de su difunto marido. Él desea que se encuentre bien y ayudarla en lo que ella necesite. Ella desea lo mismo para él, con la única diferencia que ella necesita cuidar a alguien. Él, un solterón independiente que sobrepasa los noventa no necesita los cuidados ni consejos de nadie. Gracias al ser divino, él solo escucha lo que quiere y desea, por lo cual, ella y él, pueden conversar largas horas sin la intervención de nada ni de nadie.

Uno de esos días en los que ambos “monologaban”, tuve la suerte de encontrarme en la periferia de esa conversación. Fue una conversación muy interesante y que vale la pena compartir.

Él le pregunta a ella cómo se encuentra. Ella contesta, qué como todos los días con sus dolores y su tristeza. Pero ella en ese instante visualiza a una posible victima de su desbordante amor. Entonces le ofrece su ayuda. El lugar específico del cuerpo de él, donde ella puede intervenir en esta oportunidad, lo ha focalizado en sus viejos zapatos. Ella misteriosamente tiene unas nuevas plantillas, muy blanditas, heredadas de su difunto marido, que a él, le vendrían como anillo al dedo. Él, después de un tira y afloja, se deja convencer. Cuando se descalza, ella se da cuenta de que los calcetines que lleva están un poco estropeados. Ella también tiene unos nuevos. Pero él ya no la escucha… Pasa un rato… Ahora ella recuerda unos zapatos que tenía guardados, que también eran propiedad del finado. Él ya no escucha… Después de un largo monologo, él decide marchar. Se despiden y se desean salud, y entonces él le dedica a ella una frase que me pareció genial, y que me ha motivado a escribir este relato:

“Vamos a estar bien, qué para estar mal ya tendremos tiempo”

(Si te gusta o no te gusta, dime algo. Me encantaría que me dejaras un comentario) 😉